Beraca 2000 “Todos deben saber”
Natalia Lupinacci - 21 años
Montevideo, Uruguay.
Desde que recuerdo, fui una niña introvertida muy vergonzosa y tímida, acentuándose estas actitudes mucho más en mi adolescencia. Durante mi infancia mi papá se volvió alcohólico y drogadicto, llegando a irse de la casa por largos períodos y luego regresaba con muchos regalos, queriendo “cumplir” con el rol de padre.
En muchas oportunidades volvía alcoholizado y drogado, no faltando las peleas y discusiones con mi madre, llegando a lastimarla físicamente en varias ocasiones. En determinado momento, mi madre tuvo que denunciarlo por los constantes maltratos que sufría, y sumado a esto lo acusaron de cometer el delito de rapiña, teniendo como consecuencia la cárcel.
Estando allí conoce a Cristo y es así que su vida comienza a ser libre de muchas maldiciones, le permitieron tener salidas transitorias y su sentencia se fue acortando hasta quedar en libertad definitiva. En ese período mi mamá y yo comenzamos a asistir a la iglesia, pero no me interesaba por nada de lo que decían, todo me aburría.
Papá volvió a casa, empezó a trabajar y por sobre todo a congregarse en la iglesia. Al año siguiente faltando una semana para realizarse el campamento, mi papá se presenta con una inscripción para que yo participara del mismo. ¡Ni loca iba a ir! Le dije que no mil veces. La excusa: no conozco a nadie, me voy a aburrir... En fin, la realidad es que no hubo opción: llegué a Beraca el primer día del campamento, con 14 años, obligada por mis padres.
¡¡¡Pero para mi sorpresa fue una semana tan especial!! En la tercer noche, después de una prédica dada por una de las invitadas, tomé la decisión de darle mi corazón y mi vida a Cristo, ¿el momento? Indescriptible. ¡Dios estaba ahí!, realmente lo necesitaba conocer. Fue así que Dios comenzó un proceso en mí, quitando todo aquello que no me permitía relacionarme con las personas.
Pase a tener una identidad propia; sanó heridas que acarreaba desde la niñez a causa de la situación que vivía en casa con un padre alcohólico, drogadicto y violento. Dios me enseñó a amar y a respetar a mis padres, una vez que entendí, que Él tenía un plan con mi vida que me amaba y me valoraba como papá.
¡Al terminar el campamento no quería volver a mi casa!, mi papá fue a buscarme y en ese entonces me tuvo que obligar a irme de Beraca. Una vez estando en casa, todo comenzó a venirse a pique desde que mi papá un día se fue a trabajar, como cualquier otro, pero a diferencia de los anteriores esta vez no volvió. Me parecía estar viviendo tiempos pasados: cuando regresó una vez más, drogado y lastimado; mi madre no aguanto más y lo echó.
Al pasar los años atravesé un tiempo crucial debido a la perdida de mi papá por ser portador de SIDA, me costo mucho recuperarme de este hecho, tuve que aprender a depender de Dios y a aceptarlo a Él como mi Papá. Nunca le había podido llamar así, PAPÁ, ya que la única imagen que existía de padre no era muy buena.
Tiempo después, Dios comenzó a sorprenderme, para superar la prueba de la vergüenza comencé a ayudar en uno de los programas del pastor, saliendo al aire, sin saber qué decir! y Dios mío! Fue una experiencia increíble.
Jamás tuve expectativas de formar una familia; el único modelo que tenía era el de mis padres y no había sido bueno; en ese sentido no tenía ningún tipo de esperanzas. Pero hasta eso cambió Dios. A través de uno de los pastores, habló directo a mi corazón diciéndome que tenía una familia para mí y que había esperanzas para el matrimonio. Hoy si puedo creer en el amor y estoy a punto de casarme porque Dios trajo a alguien a mi vida (¡a quien amo mucho!) para consolarme, y para demostrarme su fidelidad.
Desde ese primer campamento, nunca más me perdí otro, actualmente trabajo en la señal Zoe FM y formo parte del equipo que colabora dentro de las diferentes áreas del campamento. Cada año que he estado Dios me ha enseñado cosas nuevas, la verdad esos campamentos son especiales, porque MONTE BERACA es algo especial. Ir a BERACA valió la pena!
VOLVER A VIDAS CAMBIADAS |