NADIA GARCÍA

Beraca 2006 “Metanoia”

Nadia García - 21 años
Montevideo, Uruguay.

Desde pequeña conocí la palabra de Dios al participar de una escuelita dominical. A la edad de 11 años mi vida comenzó a cambiar cuando fui abusada sexualmente por el tío al que yo apreciaba tanto. Fue así que empecé a sentir odio y rechazo hacia los hombres.

Mi vida continuó su curso pero no del todo bien porque en mi adolescencia ya me sentía una persona fracasada a raíz de que empezaba mis estudios y no los podía terminar. Comenzó así a surgir en mí una actitud de rebeldía, de descontrol que me llevó a tener discusiones en casa con mi mamá.

En ese período de los 16 a 17 años comencé a experimentar lo que eran las mentiras, conocí un chico que era adicto a las drogas y sin el consentimiento de mis padres, me puse de novia con él y comenzamos a salir a escondidas. Esto me llevó a faltar al liceo muchas veces para estar con él, llegando al punto de falsificar las calificaciones de estudio para que mi madre no supiera que había repetido el año. Creía que contarle a mi madre era recordarle que mi vida era un fracaso.

Entre mentiras y engaños mi madre desconocía que hacía un año había comenzado a vivir con mi novio. En el principio de esa relación todo iba bien, había dejado de consumir drogas, pero… Comencé a vivir un infierno, mi novio comenzó a drogarse nuevamente, su adicción aumentaba cada vez más y yo queriendo ayudarlo, pero no encontraba nada que pudiera frenarlo.

Viví situaciones muy difíciles entre ellas problemas con la policía, infidelidades, trasnoches buscándolo quien sabe por donde, hasta que un día decide irse a vivir a Monte Beraca y es allí donde conoce a Jesús.  Mientras tanto, en mi interior la guerra era más grande, mi vida empeoraba, frecuentaba boliches nocturnos que me llevaron a alcoholizarme, a rodearme de gente de la noche: prostitutas, travestis, etc.

Llegó el momento en que las mentiras salieron a la luz, mi mamá se enteró de la situación que estaba viviendo y decidió mandarme por unos meses a Argentina porque según ella me olvidaría de Rodrigo, mi novio. Al regresar nuevamente a Montevideo quise saber de él, comencé a visitarlo en el “Hogar Beraca”, y fue así que en una de las tantas visitas que le hacía comenzó a hablarme de un campamento que se realizaría en ese lugar y en el que sería bueno que yo participara, acepté pero para continuar mi relación con él.

Mientras Rodrigo estaba en ese lugar internado, participé de algunas reuniones en la iglesia, fui a un retiro espiritual pero mi corazón estaba tan cerrado a causa de la vida que llevaba que seguí con mi indiferencia hacia Dios.

Pero aún así Él comenzó a tener un trato conmigo, en esos días recibí una llamada de mi novio invitándome nuevamente para participar del campamento Beraca 2006. En ese entonces había comenzado a trabajar y debía tomar una decisión; el decir No voy al campamento o el decir Si!! y eso implicaría renunciar al trabajo y escuchar de la boca de mis padres: “Una vez más dejas de lado lo que comienzas, eres una fracasada”.

Mi decisión rotundamente fue, ¡Si, voy! Yo necesitaba un cambio real en mi vida y quizá en ese lugar lo encontraría, y así fue, en el campamento conocí realmente de Dios. En Beraca 2006 tuve un cambio de mentalidad y de actitud, desde el primer momento que llegué a ese lugar me impactó ver tantos jóvenes iguales a mí, pero con la diferencia de que no necesitaban de un vaso de alcohol o de una dosis de droga para ser feliz.

En uno de los mensajes Dios habló directo a mi corazón y decidí entregarle mi vida a Cristo, esto implicó durante la semana vivir un proceso donde debía tomar decisiones, si realmente quería hacer la voluntad de Dios. Una de ellas era irme de la casa de mi novio y terminar la relación con él. Cada día que transcurría pude conocer del amor de Dios y eso me permitió perdonar, ser libre del odio, del rencor y de los vicios que me ataban a una vida desenfrenada.

Mí vida ha cambiado totalmente, Dios ya sabía y tenía todo planeado lo que sucedería fuera del campamento, llegado el momento regresé a mi casa con mi familia y terminé mi noviazgo para comenzar un nuevo camino de la mano de Cristo.

Hoy sirvo a Dios en el liderazgo de la iglesia, retomé mis estudios y estoy trabajando conjuntamente. Esto demuestra que también fui libre del doble ánimo que durante mucho tiempo no me permitió terminar ninguno de mis estudios y me hizo sentir fracasada. ¡Realmente me encuentro Feliz!

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