Beraca 2002 “Te Cambia la cabeza“
Carlos Calaguy - 27 años
Montevideo, Uruguay.
Con tan solo 22 años de edad mi vida era un vacío constante, no creía que nada ni nadie podía llenar mi corazón, hasta el día en que me invitaron a participar de una reunión familiar, allí escuche por primera vez de ese amor único que todo lo llena y que solo Jesús me lo podía dar, fue así que decidí entregarle mi corazón a Cristo.
En ese entonces los jóvenes ya estaban con los últimos preparativos para ir al campamento, me hablaron de lo que sucedía en aquel lugar y me regalaron una inscripción para poder participar. Llego el primer día y yo estaba expectante, sabía que Dios iba a hacer algo grande en mí.
Recuerdo que los oradores invitados eran Danilo Montero y Dante Gebel, cada uno por su parte hablaron directo a mi interior. Danilo en una de sus predicas contó su testimonio, como había sido su vida al vivir con un padre violento, pero por sobre todo habló del amor que Dios tenía para dar y que era un Padre bueno y amoroso, cada una de sus palabras comenzaron a hacer efecto en mí.
Sentado en una silla comencé a llorar y a llorar y no sabía porque estaba así tan desconsolado, si yo realmente no guardaba rencor contra mi papá, pero fue ahí que Dios me habló porque aun mi corazón no estaba totalmente sanado de las heridas que acarreaba desde mi niñez.
Pude ver que cada una de esas heridas se fueron dando al crecer en un hogar con muchos problemas, los cuales eran ocasionados por un padre alcohólico que cuando se embriagaba insultaba y golpeaba a mi madre (muchas veces delante de mí). Cuando llegué a la adolescencia todo eso ocasionó en mí una actitud de rebeldía y de violencia, que me llevó a hacer amistades en las calles, donde consumíamos drogas y alcohol, llegando al punto de delinquir. Pero esa noche Dios me dio un corazón nuevo.
Por otra parte Dante Gebel habló sobre el pecado y manifestó que si teníamos un corazón arrepentido, Dios perdonaba cada una de aquellas cosas que habíamos hecho, fuese lo que fuese, yo creí en esa palabra y la tomé para mí.
No solo me divertí, también disfrute cada una de las bandas de música, y los juegos, además de conocer otros jóvenes de diferentes países. Recuerdo que cuando terminó el campamento no tenía ganas de irme. Asistí a varios campamentos más y en todos viví cosas nuevas y hermosas.
Dios me regaló una esposa y un hijo hermoso, hoy mi corazón está lleno de amor y alegría para dar por eso servimos siempre a Dios.
A través de los campamentos Beraca, Dios hizo una obra tremenda en mi vida que nunca jamás la voy a olvidar!
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